En la colmena de las abejas de miel…

Ilustrado por Ashley, 1° de la ESO/7 Curso

Cuenta la historia que en la colmena de las abejas de miel, la reina madre dio a luz a cuatro hermosas doncellas a quienes bautizo de inmediato con los nombres de Sol, Diluvio, Viento y Cíelo.

Las cuatro doncellas crecían felices bajo el cuidado diario y constante de las obreras nodrizas, quienes tenían la labor de producir y alimentar a las doncellas con la deliciosa jalea real. Esta masa vizcosa y amarillenta era manjar exclusivo de la reina madre y de sus hijas.

La reina madre se distinguía de las demás abejas por su larga y esbelta figura. Siempre vestida de color ámbar, brillaba con esplendor, aun cuando parecía revolotear preocupada en su recámara. Había llegado el momento de tomar la decisión ¿quién de sus cuatro hijas, sería elegida al trono? Para ello cada una de las doncellas sería sometida a cuatro pruebas: la prueba de la sabiduría, la prueba de la colaboración, la prueba de la generosidad, y finalmente, la prueba de la valentía.

Los zánganos revoloteaban de un lado para otro coordinando los preparativos, mientras las abejas obreras salían y entraban cargadas de polen. La producción de miel debía ser de la más exquisita calidad  nunca jamás producida en celebración a tan importante acontecimiento. La coronación se celebraría con una gran fiesta, a la que serían invitados, todos los habitantes de la colmena.

Ajena ante tanto alboroto, Cielo la más pequeña de las cuatro, soñaba con poder volar lo más alto posible para después dejar su cuerpo caer contra una nube esponjosa donde reposaría sin prisa alguna para contemplar el cielo estrellado.

Ilustrado por Alba, 1° de la ESO/ 7 Curso

Mientras tanto en la celda real sus hermanas se preparaban ante la perspectiva de ser reinas. ¡Qué gran honor! Ansiosas, danzaban de un lado para otro. Una por una eran atendidas con delicadeza y esmero por las obreras nodrizas, quienes dedicaban toda su atención al cuidado exclusivo de la alimentación, higiene y bienestar de las doncellas. Entre tanto frenesí, nadie observó la ausencia de Cielo.

Lejos del hogar, Cielo disfrutaba de las caricias de los rayos del sol.—¡Que diferente era el mundo desde las alturas!—pensaba —todo parecía mezclarse… tamaños, colores, dimensiones…— Observaba como las montañas se alzaban majestuosas, teñidas por el manto rosa de la luz del atardecer. Se hallaba ante el crepúsculo, hora que anunciaba el regreso inminente a la colmena. La noche pronto sería dueña y con ella la incertidumbre.

Cielo remonto vuelo sin espera alguna, atravesando los confines hasta llegar a la colmena de las abejas de miel. Segura de sí misma, ahora más que nunca, sabía lo que tenía que hacer. Inmediatamente fue en busca de la Reina Madre—… debía ser la Reina, la primera en saber de su decisión— se dijo a sí misma en voz alta.

Los preparativos para la ceremonia habían llegado a su fin. En el centro del panal se hallaba la Reina Madre quien observaba complacida la agitación de los zánganos y el espléndido trabajo realizado por cientos de abejas obreras que revoloteaban incansables por el panal, ansiosas a la espera de las doncellas, quienes escoltadas por los zánganos caminaban orgullosas hacia la Reina Madre.

Irrumpiendo en la sala, como un tornado que arrastra todo a su paso, Cielo atraveso el panal hasta llegar junto a sus hermanas. La Reina Madre miró a sus cuatro hijas con ternura y con un ademán de manos indico a Sol que diera un paso adelante.

—¡Contestadme, querida hija! —¿Qué es la sabiduría?

—Madre, sé con certeza, que la sabiduría es algo que poseo desde mi nacimiento. No tengo la menor duda que con mi inteligencia y conocimientos, la colmena de las abejas de miel será la más productiva y rica de la comarca —contesto Sol, muy segura de sí misma mientras hacía brillar sus alas con orgullo ante sus hermanas.

La Reina Madre hizo un gesto de desaprobación al comprender la actitud arrogante y orgullosa de su hija. Sol dando un paso hacia atrás se retiró junto a sus hermanas. La Reina Madre haciendo ademán de sus manos, indico a Diluvio que diera un paso adelante.

—¡Contestadme, querida hija! —volvió a preguntar la Reina Madre —¿Qué significa la colaboración?

Diluvio, alzando un brazo con ímpetu, contesto diciendo —¡En este pequeño frasco tengo jalea real, manjar exclusivo de reinas, que compartiré única y exclusivamente con aquellos que, en colaboración, trabajen incansablemente para mantenerme saludable y contenta!

La Reina Madre hizo un gesto de desaprobación al comprender la actitud intolerante y egoísta de su hija. Mientras tanto, Viento agitaba sus alas con impaciencia y sin esperar a ser invitada por la Reina Madre dio un paso adelante. Observando el gesto de su hija, la Reina Madre frunció un ceño y prosigio a preguntarle.

Ilustrado por Ashley, 1° de la ESO/ 7 Curso

—¡Contestadme, querida hija! —¿Qué significa ser generoso?

—Madre, la persona generosa piensa en repartir aquello que tiene con otros menos afortunados. Se trata de una virtud y un valor positivo que mi hermana Cielo poseé.

La sinceridad de Viento había causado alboroto en la colmena, que se alzaba en murmullos. La Reina Madre hizo un gesto de aprobación al comprender la actitud humilde y generosa de su hija.  Cielo no acababa de comprender que había pasado, estaba ensimismada en sus pensamientos. La sensación de paz y de libertad que había sentido mientras volaba había sembrado una huella profunda en su ser. No podía seguir guardando este secreto, ahora con más claridad que nunca entendió su misión en la tierra.

—¡Cielo!… ¡Cielo! —gritó por segunda vez la Reina Madre.—Veo que tu hermana admira tu generosidad ¿qué dices al respecto?

Cielo, quería gritar, pero sentía como un nudo invisible en la garganta aprisionando su voz. Quería poder decir en alto a su madre, a sus hermanas y a todos los presentes que no quería ser reina, que su deseo más infinito era ser una abeja obrera. Sentía en su corazón que había nacido para servir y no para gobernar.

—¡Querida madre! —contesto Cielo —me hace feliz saber que he sido un ejemplo para mi hermana Diluvio. Pero debo confesar ante todos que no soy honesta.

Las palabras de Cielo sorprendieron, no solo a la Reina Madre, pero a todos los miembros de la colmena. Cielo continuo hablando.

Ilustrado por Alba, 1° de la ESO/ 7 Curso

—Todos los días al amanecer vuelo a escondidas hacia las colinas, paseo por las praderas, recojo polen de cientos de flores y antes de regresar, danzo con los rayos del Sol para luego dejar mi cuerpo descansar en una nube esponjosa. Soy inmensamente feliz porque día a día contribuyo, como una obrera más, con el bienestar y con el progreso de la colmena.

—Querida hija, tu valentía y humildad son virtudes dignas de una reina. Como madre estoy orgullosa de ti. Como reina valoro tu honestidad, otra virtud más de un ser que practica el bien. Confieso estar  decepcionada con tu decisión de no querer llegar a reina, pero sería injusto de mi parte ir en contra de tu voluntad y con ello perjudicar tu felicidad. Un ser feliz es un ser positivo para nuestra colmena. Desde hoy en adelante seras una obrera más digna de tu trabajo.— acto seguido la Reina Madre besó a su hija en la frente.

Cielo sintió, que aquello que la presionaba hasta dejarla sin aliento, había sucumbido. En un acto inconsciente abrazo de súbito a la Reina Madre ante las miradas de asombro y exclamaciones de sorpresa de todos los presentes y prometio cumplir con sus obligaciones como abeja obrera hasta el final de sus días.

Viento se acerco a su hermana y con gran ternura le dijo —¡el destino a puesto a muchas personas en mi vida, pero solo las mejores permanecen para siempre!

Las dos hermanas sabian que sus vidas iban a cambiar desde ese instante. Viento seria la nueva reina digna, humilde y generosa… su hermana Cielo, un ejemplo de valentía y honestidad para la colmena de las abejas de miel.