El Dragón de las Dunas del Carabassí

Fotos: Esther Sampedro, KFME

Cuenta la leyenda que en un pinar se escondía un dragón temible con una larga cola de agujas y múltiples brazos estriados. Conocido como  el guardián de las Dunas del Carabassí, se paseaba por entre los pinos que permanecían anclados en la arena junto al mar. El dragón admiraba las dunas, que empujadas por el viento dominante, se movían, crecían y avanzaban adquiriendo la forma de una C.

Un día el dragón se quedó profundamente dormido. La noticia llegó a oídos de los ciudadanos de la comarca, quienes rápidamente aprovecharon la ocasión para edificar torres de ladrillo y cemento por toda la costa, destruyendo sin consideración la flora y fauna del litoral mediterráneo.

IMG_4019IMG_3948IMG_3926IMG_3999IMG_3965IMG_3902Fotos: Esther Sampedro, KFME

Por aquellos días se paseaba  por las Dunas del Carabassí, un niño, fiel admirador de la naturaleza. A su paso por el pinar tropezó con un gran pino, que habiendo sido azotado por el viento durante muchos años, ahora yacía retorcido a lo largo y ancho  en la arena. El niño dejó su imaginación correr y alzando su vara, como si fuera una espada, imaginó que luchaba contra un dragón temible, al que hería de muerte. Como presa de un hechizo, cayó desplomandose en la arena, entrando en un sueño profundo.

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Foto: Esther Sampedro, KFME

En el sueño… el  dragón  y el niño, luchaban juntos contra los ciudadanos de la comarca que amenazaban con destruir todo a su paso. Herido de muerte y conmovido por la tristeza, el dragón susurró al oído del niño sus ultimas palabras.

El niño perturbado por las poderosas palabras del dragón, comprendió que la ignorancia y ambición del humano serían la destrucción del litoral y la de todos sus seres, incluyendo la del hombre. Sólo ante la batalla, el niño luchó y luchó… hasta el agotamiento.

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Fotografías realizadas en 2005 por el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino

Cuando despertó era viejo, sus manos temblorosas acariciaban el tronco sin vida del que fue un gran pino.  A su alrededor sólo había basura y escombros, los edificios tapaban la vista al mar, y lo que fue en su día dunas fósiles, dunas altas y pinares, todo había quedado reducido a cuentos y fábulas.

Apoyando su envejecido y cansado cuerpo sobre el gran pino, recordó las poderosas palabras que el dragón le susurró al oído antes de morir. “Cuando desaparezcan todas las plantas, no quede un sólo árbol y hayan perecido todos los animales del litoral, os daréis cuenta de que no podéis comer dinero”. Y cerrando los ojos por última vez, exclamó al viento, ” NUESTROS HÁBITOS FORJARON NUESTRO DESTINO!”.

 

 

 

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